viernes, 9 de noviembre de 2007

EL AMOR

¿Qué es el amor?, ¿qué ocurre realmente cuando nos enamoramos?, ¿qué determina que nos enamoremos de una personas y no de otras?

Es fácil describir qué pasa cuando nos enamoramos, al menos desde el punto de vista anímico y psicológico. Sentimos una necesidad de ver a esa persona, la tenemos en mente más de lo normal, nos embriaga una felicidad que nos hace más llevable todo lo demás pero ¿qué es en verdad el amor?
Se entiende por enamoramiento como un estado de ánimo pero nuestra fisiología también se resiente cuando estamos bajo ese influjo. Pérdida de sueño y apetito, hiperactividad, aumento de la capacidad muscular… la química del amor es mucho más compleja de lo que podemos pensar. El hipotálamo envía mensajes a las glándulas del cuerpo, ordenando un aumento de nuestros niveles de adrenalina y noradrenalina, motivo por el cual el enamoramiento también supone unos altos cambios de humor debido a todo ese bullicio químico que ocurre en nuestro interior.

La persona enamorada puede sentir sensaciones de frío, calor, taquicardia, temblores, enrojecer ante la persona amada e incluso sólo oyendo su nombre. Todo este estado se produce con gran intensidad pero también con mucha inseguridad, llegando a sentir desde la alegría más absoluta a la tristeza más profunda por el miedo al abandono del ser amado.


Cuando se está enamorado, también se segrega norepinefrina y oxitocina, dos componentes que en su combinación hacen que los enamorados puedan permanecer horas haciendo el amor y noches enteras conversando, sin sensación de cansancio o sueño.

Una persona enamorada es fácilmente reconocible por los demás a través de su lenguaje corporal, la mirada, la frecuencia de su sonrisa... Enamorarse produce placer y esa sensación se exterioriza. Enamorados, nuestra autoestima mejora, nos sentimos más seguros de nosotros mismos y empiezan a ser menos importantes esas cosas que no nos acababan de convencer de nosotros mismos.

¿Por qué nos enamoramos de una determinada persona y no de otra? Es una interesante cuestión que creo que todos nos hemos planteado alguna vez (especialmente cuando somos consciente de que nos estamos enamorando de la persona menos indicada). Tras realizar múltiples investigaciones psicológicas, se ha llegado a la conclusión que mucho tiene que ver nuestros recuerdos infantiles. Según estas teorías, "cada cual busca la pareja que cree merecer".

Antes que nos fijemos en la persona, nosotros ya tenemos un previo mapa mental, un molde completo de circuitos cerebrales que determinan de qué persona nos enamoramos y no de otra. El sexólogo John Money considera que los niños desarrollan esos mapas entre los 5 y 8 años como resultados de asociaciones con miembros de su familia, con amigos, con experiencias y hechos fortuitos. Por lo tanto, aunque sea de manera inconsciente, nosotros ya sabemos de qué persona nos enamoraremos.
Cuando se encuentra la persona deseada (esa que responde a los patrones ya formados) se dispara la señal de alarma y esa cascada de reacciones emocionales (descargas neuronales y hormonas en bullición).


Pero en ocasiones, no es enamoramiento cuando creemos sentirlo, todo hemos dudado alguna vez, ¿será amor realmente?. Con frecuencia, algunas personas confundimos el estar enamorado con otras formas de amor o de sentimiento. Debemos de aprender a distinguir e identificar los llamados falsos enamoramientos:

1. Cuando la persona se enamora solamente si hay un obstáculo que impide llevar a cabo una relación, pudiendo ser este obstáculo el propio rechazo de la persona a quien quiere conquistar, o bien la existencia de un rival, o cuando está casada, etc. En tal caso, cuando el obstáculo desaparece y consigue su objetivo, el amor también desaparece.

2. Cuando una persona se siente atraída por otra como consecuencia de lo que tiene o representa: riqueza, poder, clase social, etc. Es lo que llamamos el amor por interés. Personas que consiguen sus metas a través de otros y se valoran en función de los méritos del otro.

3. Personas inseguras que engañan a la persona amada para seducirla, con cualidades que no tienen u ocultando defectos. Son personas que conocen muy bien sus limitaciones y que saben como ocultarlas y evitar que el otro las perciba pero, tarde o temprano salen a la luz y es cuando empiezan las decepciones y el otro se siente engañado/a.

4. Tras una decepción amorosa, hay personas que quieren volver a enamorarse para olvidar el amor que le está haciendo sufrir, mantienen una relación con otra persona con la que se sienten cómodos pero no enamorados, pasado cierto tiempo esta relación fracasa.

5. El caso de esas personas, sobre todo adolescentes, que creen estar enamoradas de sus ídolos, sienten admiración por lo que hacen o por como son físicamente, y lo confunden con el amor.

¿Qué cosas irradian más atracción?, ¿qué nos hace realmente atractivos?

Pese a que se hace gran insistencia en que la imagen física no es tan importante frente a la personalidad, los estudios parecen no indicar lo mismo. Según estas investigaciones, se ha podido comprobar que nos gusta mirar a las personas atractivas por simple placer estético, esto hace que en la sociedad sean mejor tratadas y consideradas. Eso sí, no olvidemos que como belleza exterior también incluye actitudes como el carisma, la simpatía, la facilidad de expresión gestual. Esta ventaja no viene dada sólo por la genética, sino también por esa belleza que todos nos podemos trabajar.
Según estos estudios, este comportamiento generalizado se observa desde la infancia, donde los niños guapos tienen más probabilidades de ser elegidos como amigos y menos de ser culpados por los profesores por mal comportamiento, por lo que posteriormente van a desarrollar una mayor confianza y una mayor autoestima.

También las personas consideradas por la mayoría atractivas va a influir en que les sea más fácil el relacionarse con otras personas y sean menos reservados a la hora de hacer amigos o parejas. Tienen más posibilidades puesto que saben que gustan mientras que sus amigos o parejas se van a sentir más valorados al ser "elegidos" entre una amplia oferta.
Parece que cientificamente, tenemos una mayor predisposición más positiva hacia lo que es fisicamente bonito.

Otra de las variables que miden nuestro nivel de atracción es la similitud. Las características que compartimos con la otra persona afianzan la relación. La raza, la edad, la inteligencia, el nivel socioeconómico y educativo, la religión, los valores... son características que solemos compartir con nuestras amistades y pareja.
La teoría de que las complementariedades se atraen no está justificada, aunque sí puede pasar que en una pareja ambos miembros se vayan volviendo complementarios o desarrollen y se intercambien diferentes papeles según la ocasión . La razón de que nos gusten las personas que comparten cosas con nosotros es la de que nos apoyan en nuestras convicciones.

Otro factor que tenemos en cuenta, sea de manera consciente o inconsciente, es la proximidad. La mayoría de nuestros mejores amigos viven en nuestra proximidad. Desde pequeños, nos relacionamos más con la gente que más asiduamente vemos. La probabilidad de conocer, y más aún íntimamente, a alguien que viva a cientos de kilómetros nuestro es más baja que la de conocer profundamente a alguien de nuestra ciudad. El tiempo en común, las vivencias compartidas, el poder dar ayuda y recibirla, la implicación..., siempre va a poder desarrollarse mejor si dos personas viven próximas.
Pero no solo interviene la disponibilidad y la conveniencia, también se ha demostrado que la gente a la que más vemos, más familiar nos parece y menos nos cuesta el relacionarnos. Nos sentimos más cómodos y podemos llegar a predecir más su comportamiento y adaptarnos en base a éste, de lo que lo haríamos frente a un completo extraño.
También se desarrollan pensamientos más positivos frente a las personas que creemos que volveremos a ver. Incluso se ha demostrado que las cosas que nos resultan familiares (una canción, un cuadro...), simplemente por el hecho de estar expuestos a ellas, nos hacen estar más receptivos y nos gustan más.

Siguiente factor: La reciprocidad. Según las investigaciones, se ha confirmado que la gente se siente atraída por aquellas personas a las que gusta. Esto les demuestra que esas personas tienen un buen criterio al apreciar sus cualidades.

Otra variable a tener en cuenta es la cordialidad, que incluye sociabilidad, afabilidad, sentido del humor y buen carácter, es una cualidad muy apreciada y que incluso podemos creer que existe en una persona sólo por el hecho de que otras personas nos la hayan definido así. Sin ser necesario el tomar contacto directo con esa persona, la atracción va a empezar a desarrollarse y posteriormente la vamos a considerar de ese modo aunque la correspondencia no sea tal, es decir, aunque su cordialidad no sea tal y como nos habían hablado, tenemos tendencia a considerarla como si lo fuese.

La competencia también es un factor muy importante. Nos gustan la gente que tiene habilidades antes que aquella que resulta torpe, pero preferimos a las personas habilidosas que cometen de vez en cuando algún fallo. Esto nos da la impresión de que son humanos como nosotros, y no unas máquinas de absoluta precisión.

De todas formas, lejos de teorias y estudios, lo mejor del amor es no hablar de ello, sino vivirlo. No hay nada más bello que experimentar todas las sensaciones que produce, desde la más tierna a la quizás algo más dura. El amor es para disfrutarlo, envolverse en todo su proceso y sentir la magia de ese estado que nos hace sentirnos más vivos que nunca.


1 comentario:

Anónimo dijo...

¡¡Totalmente de acuerdo con este parrafo!!

La persona enamorada puede sentir sensaciones de frío, calor, taquicardia, temblores, enrojecer ante la persona amada e incluso sólo oyendo su nombre. Todo este estado se produce con gran intensidad pero también con mucha inseguridad, llegando a sentir desde la alegría más absoluta a la tristeza más profunda por el miedo al abandono del ser amado.


..Añado que es entrega, son detalles, sonrisas por todo, llantos por cualquier cosa, miradas, nervios, ilusiones..
En fin soñar, soñar, soñar...y como duele el amor ay, como duele!!

¡¡Muy Muy Interesante la subida!!
Un beso!!