viernes, 23 de noviembre de 2007

EL TERCER SECRETO

Fátima (Portugal)
Domingo, 13 de Mayo de 1917
Hora Aprox. 15:00


Tres niños pastores (de 10, 9 y 7 años) sacaban su rebaño a pastar después de haber acudido a misa como cada domingo. Cerca del mediodia, un extraño relámpago llamó la atención de estos niños, les sorprendió aquel halo de luz cuando el cielo estaba luminoso y no parecía que fuese a haber tormenta. Por si acaso, ellos comenzaron a caminar asustados tras un segundo relámpago. Fue entonces cuando Lucía, la mayor de ellos, observó aquella aparición que la marcó para toda su vida: "una Señora vestida toda de blanco, más brillante que el sol, irradiando una luz más clara e intensa que un vaso de cristal lleno de agua cristalina, atravesado por los rayos del sol más ardiente. Tenía las manos puestas en actitud de oración, apoyadas en el pecho, y de la derecha pendía un lindo rosario de cuentas brillantes como perlas, con una pequeña cruz de vivísima luz plateada. [Como] único adorno, un fino collar de oro reluciente, colgando sobre el pecho y rematado casi a la altura de la cintura, por una pequeña esfera del mismo metal."

Aquella entidad procuró calmar a esos tres asustados niños, diciéndoles que no debían de temerle, les explicó que venía del cielo y que ellos debían de volver a aquel lugar en más ocasiones, "Vengo a pediros que volváis aquí durante seis meses seguidos, los días 13 y a esta misma hora. Después os diré quién soy y lo que quiero. Y volveré aquí aun una séptima vez."
Tras aquel misterioso mensaje, desapareció. Los jovenes parpadearon sin tener muy claro lo que había sucedido, miraron su rebaño y se preguntaron cómo volver a la normalidad después de lo que habían visto. Extrañados, todos coincidían en que debían volver y acudir a la cita que la supuesta virgen María les había pedido.


Fátima (Portugal)
13 de Junio de 1917

Segunda aparición


Quizás por la ingenuidad característica de un niño, aquellas tres criaturas no fueron capaces de mantener el secreto y cincuenta curiosos acompañaron a los tres pastorcillos a la segunda quedada. Nuevamente, un intenso halo de luz se hacía en medio de aquella pradera, los testigos afirmaron que la intensidad de la luz del sol bajó para darle más protagonismo a esa luz que acompañaba a la aparición mariana.
En esta ocasión, la Virgen les pidió que rezaran el rosario todos los días y aprendieran a leer. Quizás adelantandoles que ellos iban a ser los emisarios de unos mensajes que Dios quería dar a la humanidad. De nuevo, la virgen estableció el dialogo con Lucia, rodeadas de la atónita mirada de los demás.

— Quería pedirle que nos llevara al Cielo- le pidió Lucia, para sorpresa de todos. — Sí, a Jacinta y a Francisco los llevaré en breve. Pero tú te quedarás aquí algún tiempo más. Jesús quiere servirse de ti para hacerme conocer y amar. Él quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. A quien la abrace, le prometo la salvación; y serán amadas de Dios estas almas, como flores puestas por mí para adornar su trono.


Acto seguido, volvió a esfumarse.

Fátima (Portugal)
Viernes, 13 de Julio de 1917

Tercera aparición

Más de dos mil personas esperaban el tercer encuentro. Lucia, estuvo a punto de no acudir a la cita. Sus hermanos la convencieron y, finalmente, los tres regresaron al sagrado lugar. Lucia, a lo mejor, bastante agobiada por seguir sin darle credibilidad a todo lo que estaba pasando, fue al lugar con mucho más escepticismo.

— Quería pedirle que nos dijera quién es y que hiciera un milagro con el que todos crean que Vuestra Merced se nos aparece. — Continuad viniendo aquí todos los meses. En octubre diré quién soy y lo que quiero, y haré un milagro que todos han de ver, para que crean.

La hermana Lucia contó todo lo que aconteció después: "Entonces hice algunas peticiones [de parte de varias personas]. Nuestra Señora dijo que era necesario que rezasen el Rosario para alcanzar las gracias durante el año. Y continuó diciendo: — Sacrificaos por los pecadores y decid muchas veces, sobre todo cuando hagáis algún sacrificio: ¡Oh! Jesús, es por vuestro amor, por la conversión de los pecadores y en reparación de los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María".

Primera parte del secreto:


«Al decir estas últimas palabras —narra la Hermana Lucía— abrió de nuevo las manos como en los dos meses anteriores. El reflejo [de los rayos de luz] pareció penetrar la tierra, y vimos como un mar de fuego y, sumergidos en ese fuego, a los demonios y las almas como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana, que flotaban en el incendio llevados por las llamas que de ellas mismas salían juntamente con nubes de humo, cayendo hacia todos los lados —semejante al caer de las chispas en los grandes incendios— sin peso ni equilibrio, entre gritos y gemidos de dolor y desesperación que horrorizaban y hacían estremecer de pavor (Debe haber sido ante esta visión que solté aquel 'ay', que dicen haberme oído exclamar). Los demonios se distinguían por formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes como negros carbones en brasa.»
Segunda parte del secreto:

«Asustados y como pidiendo socorro, levantamos los ojos hacia Nuestra Señora, que nos dijo con bondad y tristeza:

— Visteis el Infierno, a donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si hacen lo que yo os diga, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra va a terminar. Pero, sí no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre y de persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre.

Para impedirlo, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la comunión reparadora en los primeros sábados. Si atienden mis peticiones, Rusia se convertirá y tendrán paz. Si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas. Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz.
En Portugal se conservará siempre el dogma de la fe, etc. Esto no se lo digáis a nadie.

Aquella entidad se preocupó mucho por hacerles saber que aquello era
un secreto y, por el momento, nadie más debía de saber lo que habían escuchado y visto. Como cada vez, una especie de trueno indicaba el fin de la aparición.

Fátima (Portugal)
15 de Agosto de 1917

Cuarta aparición

Los niños no pudieron ir a su cuarto encuentro, se encontraban secuestrados. Llevaban tres días bajo vigilancia del Administrador de Ourém (la villa donde concretamente se encontraba aquella sierra. Deseaban arrancarles los secretos confiados fuese como fuese. La aparición fue fiel a su palabra y, de nuevo, un rayo de luz pronosticaba la nueva aparición. Pese a ello, la aparición se espero y los pastorcillos pudieron llegar aunque fuese más tarde.
«Andando con las ovejas, en compañía de Francisco y de su hermano Juan, en un lugar llamado Valinhos, y sintiendo que algo de sobrenatural se aproximaba y nos envolvía, sospechando que la Santísima Virgen nos fuese a aparecer, y teniendo pena de que Jacinta quedase sin verla, pedimos a su hermano Juan que la fuese a llamar.

— "¿Que quiere Vuestra Merced de mí?
— Quiero que continuéis yendo a Cova de Iría el día 13 y que continuéis rezando el Rosario todos los días. En el último mes haré el milagro para que todos crean.
— ¿ Qué quiere que se haga con el dinero que la gente deja en Cova de Iría?
—Haced dos andas; una llévala tú con Jacinta y dos niñas más vestidas de blanco; la otra, que la lleve Francisco con tres niños más. El dinero de las andas es para la fiesta de Nuestra Señora del Rosario. Lo que sobre es para ayudar a una capilla que debéis mandar construir.
— Quería pedirle la curación de algunos enfermos.
— Sí, curaré a algunos en el transcurso de este año.

Y tomando un aspecto más triste, les recomendó de nuevo la práctica de la mortificación, diciendo, al final:
— Rezad, rezad mucho y haced sacrificios por los pecadores, que muchas almas se van al Infierno por no haber quien se sacrifique y pida por ellas
".



Fátima (Portugal)
15 de Septiembre de 1917

Quinta aparición

Eran más de treinta mil personas las que se acercaron a aquel quinto encuentro, penultimo según el pronostico que la Virgen les dijo en la primera ocasión. Lucía narró lo que les comunicó en aquella tarde:

«Al aproximarse la hora, fui allí con Jacinta y Francisco, entre numerosas personas que nos hacían caminar con dificultad. Los caminos estaban apiñados de gente. Todos querían vernos y hablar con nosotros, pidiendo que presentásemos a Nuestra Señora sus necesidades. [...] Llegamos por fin a Cova de Iría, junto a la encina, y comenzamos a rezar el Rosario con la gente. Poco después vimos el reflejo de la luz y, enseguida, a la Santísima Virgen sobre la encina. [Nos dijo:] — Continuad rezando el Rosario para alcanzar el fin de la guerra. En octubre vendrán también Nuestro Señor, Nuestra Señora de los Dolores y Nuestra Señora del Carmen, y San José con el Niño Jesús, para bendecir al mundo. Dios está contento con vuestros sacrificios, pero no quiere que durmáis con la cuerda, usadla sólo durante el día. —Me han encargado que le pida muchas cosas: la cura de algunos enfermos, de un sordomudo. — Sí, a algunos curaré, a otros no. En octubre haré un milagro para que todos crean. Y comenzando a elevarse, desapareció como de costumbre»

Fátima (Portugal)
15 de Septiembre de 1917

Sexta y última aparición


Pese a ser un día lluvioso, de cincuenta a setenta mil personan se congregaron en aquel lugar para ver cómo La Virgen María descendía del cielo para dar su último mensaje. La Hermana Lucía relata lo que sucedió:

«Llegados a Cova de Iría, junto a la encina, llevada por un movimiento interior, pedí al pueblo que cerrase los paraguas para rezar el Rosario. Poco después vimos el reflejo de la luz y, enseguida, a Nuestra Señora sobre la encina. — ¿ Qué quiere Vuestra Merced de mí? — Quiero decirte que hagan aquí una capilla en mi honor; que soy la Señora del Rosario, que continuéis rezando el rosario todos los días. La guerra va a terminar y los militares volverán en breve a sus casas. — Quería pedirle muchas cosas. Si curaba a unos enfermos y convertía a unos pecadores... —A algunos sí, a otros no. Es preciso que se enmienden, que pidan perdón por sus pecados. Y tomando un aspecto más triste, [Nuestra Señora agregó]: No ofendan más a Dios Nuestro Señor, que ya está muy ofendido. Enseguida, abriendo las manos, Nuestra Señora las hizo reflejar en el sol y, mientras se elevaba, su propia luz continuaba reflejándose en el sol».

Tras desaparecer la Virgen, se sucedieron en el cielo tres nuevas visiones, como cuadros que simbolizaban los misterios.

Junto al sol apareció la Sagrada Familia: San José, con el Niño Jesús en los brazos, y Nuestra Señora del Rosario. La Virgen vestía una túnica blanca y un manto azul. San José estaba también de blanco y el Niño Jesús de rojo. San José bendijo al pueblo trazando tres veces en el aire una cruz, y el Niño Jesús hizo lo mismo.

Las dos escenas siguientes fueron vistas sólo por Lucía.

Primero, vio a Nuestro Señor, transido de dolor en el camino del Calvario, y la Virgen de los Dolores, sin la espada en el pecho. El Divino Redentor también bendijo al pueblo.

Por fin apareció, gloriosa. Nuestra Señora del Carmen coronada Reina del cielo y del universo, con el Niño Jesús en brazos.

Mientras los tres pastorcitos contemplaban los personajes celestiales, se operó ante los ojos de la multitud el milagro anunciado.

Había llovido durante toda la aparición. Lucía había gritado al pueblo: «¡Miren el sol!». Se entreabrieron las nubes, y el sol apareció como un inmenso disco de plata. A pesar de su brillo intenso, podía ser mirado directamente sin herir la vista. La multitud lo contemplaba absorta cuando, súbitamente, el astro se puso a «bailar». Giró rápidamente como una gigantesca rueda de fuego. Se detuvo de repente y, poco después, comenzó nuevamente a girar sobre sí mismo a una velocidad sorprendente. Finalmente, en un torbellino vertiginoso, sus bordes adquirieron un color escarlata, esparciendo llamas rojas en todas direcciones. Éstas se reflejaban en el suelo, en los árboles, en los rostros vueltos hacia el cielo, reluciendo con todos los colores del arco iris. El disco de fuego giró locamente tres veces, con colores cada vez más intensos, tembló espantosamente y, describiendo un zigzag descomunal, se precipitó sobre la multitud aterrorizada. Un único e inmenso grito escapó de todas las gargantas. Todos cayeron de rodillas en el lodo, pensando que serían consumidos por el fuego. Muchos rezaban en voz alta el acto de contrición. Poco a poco, el sol comenzó a elevarse trazando el mismo zigzag, hasta el punto del horizonte desde donde había descendido. Se hizo entonces imposible fijar la vista en él. Era de nuevo el sol normal de todos los días.



Estas últimas descripciones sobre el sexto encuentro son las que más hipotesis han generado sobre la posible vinculación del asunto Fátima con una experiencia Ovni. Esa última visión se asemeja a las descripciones dadas por testigos que afirman haber tenido avistamientos extraterrestres.

EL TERCER SECRETO

La primera y la segunda parte del "secreto" se refieren sobre todo a la aterradora visión del infierno, la devoción al Corazón Inmaculado de María, la segunda guerra mundial y la previsión de los daños ingentes que Rusia, en su defección de la fe cristiana y en la adhesión al totalitarismo comunista, provocaría a la humanidad.

La tercera parte del "secreto" fue redactada por escrito por orden del Obispo de Leiria y de la Virgen Santísima Madre en 1941. Lucía redactó la tercera parte de lo revelado a través de las apariciones. Existe un único manuscrito. El sobre lacrado estuvo guardado primero por el Obispo de Leiria, luego entregado al Archivo Secreto del Santo Oficio. El Papa Juan XXIII decidió no revelar la tercera parte del "secreto". Pablo VI leyó el contenido, el 27 de marzo de 1965 y devolvió el sobre al Archivo del Santo Oficio, con la decisión de no publicar el texto.
Juan Pablo II, por su parte, pidió el sobre con la tercera parte del "secreto" después del atentado del 13 de mayo de 1981.

Pese a mantenerse en estricto secreto, Lucía ya había insinuado una indicación para la interpretación de la tercera parte del secreto en una carta al Santo Padre del 12 de mayo de 1982. En ella se dice:

La tercera parte del secreto se refiere a las palabras de Nuestra Señora: "Si no [Rusia] diseminará sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre sufrirá mucho, varias naciones serán destruidas" (13-VII-1917). La tercera parte es una revelación simbólica, que se refiere a esta parte del Mensaje, condicionado al hecho de que aceptemos o no lo que el mismo Mensaje pide: "si aceptaren mis peticiones, la Rusia se convertirá y tendrán paz; si no, diseminará sus errores por el mundo, etc.". Desde el momento en que no hemos tenido en cuenta este llamamiento del Mensaje, constatamos que se ha cumplido, Rusia ha invadido el mundo con sus errores. Y, aunque no constatamos aún la consumación completa del final de esta profecía, vemos que nos encaminamos poco a poco hacia ella a grandes pasos. Si no renunciamos al camino del pecado, del odio, de la venganza, de la injusticia violando los derechos de la persona humana, de inmoralidad y de violencia, etc. Y no digamos que de este modo es Dios que nos castiga; al contrario, son los hombres que por sí mismos se preparan el castigo. Dios nos advierte con premura y nos llama al buen camino, respetando la libertad que nos ha dado; por eso los hombres son responsables".




















(Texto original de la carta escrita por Lucía el 31 de Agosto de 1941, dirigida al Obispo de Leiria (Fátima) y en la que escribe la tercera parte del secreto revelado por la Virgen) Los manuscritos que veis en la parte superior son los redactados a mano por Lucía.


"Tendré que hablar algo del secreto, y responder al primer punto interrogativo.

¿Qué es el secreto? Me parece que lo puedo decir, pues ya tengo licencia del Cielo. Los representantes de Dios en la tierra me han autorizado a ello varias veces y en varias cartas; juzgo que V. Excia. Rvma. conserva una de ellas, del R. P. José Bernardo Gonçalves, aquella en que me manda escribir al Santo Padre. Uno de los puntos que me indica es la revelación del secreto. Sí, ya dije algo; pero, para no alargar más ese escrito que debía ser breve, me limité a lo indispensable, dejando a Dios la oportunidad de un momento más favorable.

Pues bien; ya expuse en el segundo escrito, la duda que, desde el 13 de junio al 13 de julio, me atormentó; y cómo en esta aparición todo se desvaneció.

Ahora bien, el secreto consta de tres partes distintas, de las cuales voy a revelar dos.

La primera fue, pues, la visión del infierno.

Nuestra Señora nos mostró un gran mar de fuego que parecía estar debajo de la tierra. Sumergidos en ese fuego, los demonios y las almas, como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana que fluctuaban en el incendio, llevadas por las llamas que de ellas mismas salían, juntamente con nubes de humo que caían hacia todos los lados, parecidas al caer de las pavesas en los grandes incendios, sin equilibrio ni peso, entre gritos de dolor y gemidos de desesperación que horrorizaba y hacía estremecer de pavor. Los demonios se distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes y negros.

Esta visión fue durante un momento, y ¡gracias a nuestra Buena Madre del Cielo, que antes nos había prevenido con la promesa de llevarnos al Cielo! (en la primera aparición). De no haber sido así, creo que hubiésemos muerto de susto y pavor.

Inmediatamente levantamos los ojos hacia Nuestra Señora que nos dijo con bondad y tristeza:

- Visteis el infierno a donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si se hace lo que os voy a decir, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra pronto terminará. Pero si no dejaren de ofender a Dios, en el pontificado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre y de las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre. Para impedirla, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión reparadora de los Primeros Sábados. Si se atienden mis deseos, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados y el Santo Padre tendrá mucho que sufrir; varias naciones serán aniquiladas. Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz."

Después de las dos partes que ya he expuesto, hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más en lo alto a un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo; pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él; el Ángel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia! Y vimos en una inmensa luz qué es Dios: "algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él" a un Obispo vestido de Blanco "hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre". También a otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza; el Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los Obispos sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la Cruz había dos Ángeles cada uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los Mártires y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios
.










5 comentarios:

FJ.MJ dijo...

He pasado antes por aquí, pero al ver la extensión no me pude detener a leerlo. ahor lo e podido hacer y la verdad es que has vuelto a hacer un gran trabajo, muy completo.

Es una historia muy atractiva por lo romántico que puede llegar a tener, por todas las incógnitas que aún plantea.

1saludo

boyzen dijo...

Muchas gracias, Javi. Temi que esta vez hubiese aburrido al personal, pero bueno, a mi me parecio interesante, sobretodo basarnos en los testimonios de los que lo vivieron.
Me alegra q te haya gustado, un abrazote!

sophie86 dijo...

Alaaa!! si supieras cuantas veces he oido yo de este caso en el colegio de monjas...madre,yo no lo viví pero me lo se de memoria :S jejej
Muy bien documentada la noticia..buena subida, interesante, hay aspectos que no conocia.!
Un beso!!

MaNueL dijo...

siempre me han gustado este tipo de historias, ya la conocía, aunque la tenia algo olvidada, me has hecho recordarla. En realidad es muy interesante, hay muchas historias de la iglesia que lo son, y aparte tu la has redactado muy bien. buen trabajo.
un saludo xiquet.

boyzen dijo...

Muchas gracias Sophie, me alegro que una vez más te haya gustado el artículo. La verdad es que si hubiese sabido que conocías tan bien la historia te hubiese pedido ayuda je, porque yo antes de ponerme con ello, no sabia casi nada sobre esto...
Un besote, wapa!

Me alegro Manuel que te haya gustado, a mi no me gusta particularmente los temas de la iglesia, me aburren mucho y no sé, pero bueno, éste en especial me pareció interesante, no creo como dices que la iglesia guarde historias muy alegres que digamos o al menos de mi interés. Cuidate.